Desde el acantilado de mi soledad lo veo llegar una y otra vez. Viene verde y vivo. Montado en su redonda eternidad. Peregrino y prisionero de un horizonte.Asi es el mar.

Y a el, viejo artesano de telarañas de cristal, le he preguntado:

¿Como es el infinito?

Y las olas,violetas  por el ultimo milagro del sol, respondieron: Somos el infinito cuando nos convertimos en su horizonte.

Al mar no le importa la muerte.Es como un cachorro que nunca mira atras.Como un monstruo al que Dios se hubiera olvidado dormir.

¿Sabes tu que es Dios?

Y el mar,entreabriendo sus ojos canos y espumosos, me invito a asomarme al espejo de su lomo verde.

¿Que ves?, pregunto.

No  corrigio el oceano, esa imagen es el reflejo finito de Dios.

A lo lejos, las gaviotas ruedan como trenes blancos por las vias sin railes de las olas.

El mar esta preso.Y grita su cautiverio contra la indiferencia amarilla de la costa.

Dime, ¿como puedo ser libre?

Muriendo cada dia.Muriendo voluntariamente.

Y el pico de caramelo de la gaviota como un recortable infantil  se burlodesde lo alto.

Y una nueva ola siempre la ultima  expiro azul y cansada a mis pies. El mar ahora lo se muere sin cesar porque vive en la esperanza. En el deseo de alcanzar algun dia la risa verde de los rios.